Adoptemos Una Estrella*

pastillas celestes, no sé qué escribir...

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30.6.09

Sonreí al recordar una a una tus palabras, aparecieron en mi mente como las notas que componen tu canción preferida. Reconstruí aquella obra en la imaginación y me entretuve modificando varias veces el decorado; la musicalicé con suspiros ensimismados y perfumé la sala con olor a primavera. Disfruté cada uno de tus gestos, hasta los más ínfimos; ojos de lupa para detalles fugaces. Abracé cada paso vagabundo de tu andar despreocupado. Jugué a adivinar qué vendría en el libreto que tan bien habías estudiado. No era tu personaje favorito, pero lo interpretabas a la perfección. Te sentías cómodo en esa función, mostrándote tan bohemio y libre ante todo el auditorio, pero en particular, mostrándote de esa manera frente a mí, ante la persona que no observaba, no comprendía, tan solo sentía.
La sala oscureció. Se escucharon aplausos y no era un intervalo: había llegado el final.


Entonces bajaste del escenario. No se oyeron aplausos ni perduró aquel perfume en el aire viciado. No divisé gesto alguno ni me emocioné con tus aptitudes. Tampoco entendí el porqué de tus palabras, solo encontré incoherencia en tu discurso y actuar. Ya no había libreto al que culpar ni decorado por cambiar: las cosas eran así, uno a uno, sentados en el mismo espacio temporal. Te pregunté la hora y descubrí que era tarde.

Tardé (demasiado) en darme cuenta que viví una ficción única, tan hermosa como irreal. Ya no necesitaste máscaras ni vestuario para la ocasión. No era mas que un ensayo prolongado; actuabas cuando amabas, cuando comprendías, cuando te reías con ganas.

Ahora recuerdo las veces que mirabas al espejo practicando aquellas frases infinitas; enunciados que escuché reiteradas veces, de sospechosa espontaneidad.

Tardé (quizás demasiado) en darme cuenta que viví una ficción única, tan hermosa como irreal. Una obra de dos protagonistas, en la que siempre hubo un único actor.






that's all, folks...